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¿Cómo puedo saber si mi caso es realmente una negligencia médica o una complicación inevitable?

La diferencia radica en la lex artis. Si el médico siguió los protocolos y ocurrió un daño, es una complicación; si el médico se apartó de la buena práctica y eso causó el daño, es negligencia.
 

Explicación detallada: Esta es la pregunta más frecuente y la más difícil de responder sin un estudio previo. En medicina, y especialmente en obstetricia y ginecología, existe el concepto de "riesgo inherente". Ninguna intervención quirúrgica ni ningún parto están exentos de riesgos, incluso cuando el médico actúa con la máxima diligencia. Para que exista una negligencia médica legalmente reclamable, deben concurrir tres elementos ineludibles: una acción u omisión médica contraria a la buena praxis, un daño real y evaluable, y un nexo causal entre ambos.
 

La lex artis es el conjunto de reglas técnicas a las que debe ajustarse la actuación de un profesional. Si un ginecólogo, ante una hemorragia postparto, aplica todos los protocolos de compresión, fármacos y cirugía indicados por las guías clínicas y, aun así, se produce una complicación grave, nos encontramos ante un resultado fortuito o una complicación descrita. Sin embargo, si el profesional ignoró los signos de alerta en la monitorización fetal, no solicitó las pruebas diagnósticas necesarias ante una sospecha de preeclampsia, o utilizó fórceps de manera traumática sin indicación clara, estamos ante una posible negligencia.
 

El daño debe ser efectivo. No basta con que el médico "se haya equivocado" si ese error no produjo un daño físico o moral al paciente. Por ejemplo, un diagnóstico erróneo que se corrige a los pocos minutos sin consecuencias no es indemnizable. El tercer punto, el nexo causal, es donde la labor del perito es más crítica: debemos probar científicamente que el daño (por ejemplo, una lesión neurológica en el recién nacido) fue causado directamente por la actuación médica incorrecta (el retraso en la cesárea) y no por una patología previa o una circunstancia ajena al control médico.
 

Distinguir entre estos escenarios requiere un análisis de "medicina basada en la evidencia". En nuestro despacho, revisamos no solo lo que ocurrió, sino lo que los protocolos vigentes en ese momento dictaban que debería haber ocurrido. Si hay una discrepancia significativa y esa discrepancia es la causa del daño, estamos ante un caso con viabilidad jurídica. Es fundamental entender que el mal resultado no implica necesariamente mala praxis; la negligencia se juzga por los medios puestos y la diligencia empleada, no solo por el fin obtenido.


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Dr. Miquel Pasto

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